Con el arribo del rompehielos ARA Almirante Irízar al Apostadero Naval Buenos Aires, la Argentina dio por concluida la primera etapa de la Campaña Antártica de Verano 2025-2026. Más allá del hito operativo, el cierre de esta fase marca un punto crítico dentro del esquema de abastecimiento logístico, que permite sostener la presencia permanente del país en el continente blanco.
Durante este primer tramo, el rompehielos cumplió un rol central en la planificación operativa, la ejecución de tareas de reabastecimiento y la coordinación general del sistema logístico antártico.
La operación aseguró el suministro de víveres, combustible y materiales técnicos, además de permitir el recambio de personal en bases permanentes y temporarias, en un contexto de alta exigencia.
La etapa inicial se desarrolló conforme a lo previsto, aunque estuvo atravesada por condiciones meteorológicas extremas. Las nevadas registradas alcanzaron niveles que no se observaban desde hacía más de una década, lo que obligó a extremar la coordinación logística entre navegación, operaciones aéreas y desembarcos, reforzando la dependencia de cronogramas precisos.
El primer destino fue la Base Conjunta Antártica Orcadas, donde se realizó el reabastecimiento parcial de víveres y material científico, además del desembarco del personal que permanecerá invernando durante 2026. A partir de allí, las operaciones se extendieron a las bases Petrel, Esperanza, Marambio, Carlini, Primavera y Brown, combinando abastecimiento, relevo de dotaciones y apoyo científico.
Tras completar estas tareas, el rompehielos regresó a Buenos Aires para realizar mantenimiento, reabastecimiento y recambio de personal. Este período en puerto no implica una pausa operativa, sino una fase logística crítica de preparación, orientada a garantizar la continuidad de la campaña y minimizar riesgos en la siguiente etapa.
El segundo tramo estará centrado en el abastecimiento de la Base Belgrano II, la más austral de las estaciones científicas argentinas. El acceso a esta base depende estrictamente del calendario operativo y del estado del hielo marino, lo que convierte cada decisión logística en un factor determinante para el éxito de la misión.
Además del despliegue hacia Belgrano II, la planificación contempla el soporte continuo al resto de los asentamientos permanentes, especialmente Orcadas y Petrel. La logística debe sostenerse de manera integral, combinando transporte marítimo y aéreo, gestión de suministros y coordinación interinstitucional.
Una vez finalizadas estas actividades, el esquema prevé el reabastecimiento final junto a otros buques de apoyo, antes de encarar la tercera y última etapa de la campaña, prevista para mediados de febrero. En su conjunto, la operación vuelve a poner en evidencia que la logística antártica no es solo transporte, sino también gestión del riesgo, planificación multimodal y control ambiental.



